Artículo
Brasil: "Speechwriters" y "Ghostwriters"
Dr. Francisco César Pinheiro Rodrigues*
Mismo que muy restricto, un nuevo mercado de trabajo se abre, poco a poco, para periodistas, abogados y recibidos en Relaciones Internacionales. He citado estas tres categorías, pero desconozco que individuos, de cualquier área – o mismo sin curso superior – también puedan sacar inesperado provecho económico de su propio "vicio" de lectura, de la curiosidad insaciable y de la habilidad – natural o adquirida – en el manoseo de la palabra escrita.
Me refiero a la necesidad, cada vez mayor – en una sociedad de masa, fundamentada en la apariencia -, de "escritores de discursos" (speechwriters) e "ghostwriters" (escritores fantasmas). Los primeros se especializan en redactar discursos, principalmente para políticos. El otro grupo, "ghostwriters", serían aquellos en condiciones de redactar, para quien les pague, cuentos, novelas, romances, ensayos y todo lo demás, incluso discursos de políticos. "Escritores-fantasmas” es una expresión amplia, genérica, que incluye algunas actividades más difíciles porque ni siempre una persona, mismo culta, esta en condiciones de escribir cuentos, romances y piezas teatrales. No porque escribir libros de ficción exija mayor inteligencia que redactar discursos, pero porque la ficción requiere el conocimiento de algunos pequeños "trucos" – nada de más... – desconocidos por quien nunca há probado la ficción con la intención de publicar. Además, ni todo escritor de ficción se siente cómodo con el estilo solemne, algo pomposo, pisando sobre huevos, de un discurso político. En el discurso, si el orador no escoge bien donde pisa, su base de sustentación puede, en segundos, transformarse en omelet con cáscara y barro.
No tengo datos estadísticos ni pronósticos referente al efectivo provecho financiero de estas "actividades substitutivas de autoría". El hecho es que cierto número de personas, amantes de la lectura, en los dos extremos de la vida profesional – en el inicio o jubilados – pueden aprovechar el incomodo "tiempo de espera" – del dinero o del temido llamado – redactando textos para personas, en general abastadas. Estas quieren, por los más variados motivos, "aparecer" como autores de libros, ensayos, discursos, y hasta – increíble! – cartas de amor. He mencionado las misivas románticas pues las palabras, cuando fuertes, apasionadas tienen gran eficacia persuasiva. El rechazado buey de dos patas, herido en el corazón, capaz apenas de mugir su dolor, intenta de todo para conseguir el corazón de su pretendida. Sin conseguir transformar su mugido en algo más interesante, apela para la habilidad ajena. La pasión tiene eso de grave: no desiste.
El alma – desnecesario decir "humana" – se asemeja a un panel de avión, lleno de botones. Los paneles varían de complejidad, conforme sean de una "avioneta" medio ignorante o de un intelectualmente sofisticado “Constellation”. El piloto experiente sabe cuales son los botones que debe apretar, o evitar, para que el bello “avión” levante vuelo y aterrice en su campo – en lenguaje simbólica, por supuesto, no me interpreten mal. La llave de la eficiencia para que la aeronave despegue y aterrice – antes de que aparezcan otros campos de aterrizaje-, está, no obstante, más en la autenticidad de lo que en la fría habilidad.
Un gran sexólogo norte americano decía que "en el hombre el amor entra por los ojos, mientras que, a las mujeres les entra por los oídos". El oído femenino es usualmente muy sensible en distinguir las notas falsas de las verdaderas. Mismo siendo él eventualmente falso, exige total sinceridad de sus admiradores. De cualquier manera, la carta de amor puede ser un sutil substituto del "piropo" verbal. De ahí la progresiva búsqueda de "experts" en conectar palabras. Dígase, en EUA hasta discursos de entierros, casamientos y formaturas pueden ser pedidos por la internet.
En un cuento, Giovanni Papini desarrolla un tema con mucha originalidad: un hombre esta enamorado por determinada mujer que lo ve con indiferencia. Por su vez, él es amado por otra que no le interesa y constantemente le manda apasionadas cartas de amor, raramente respondidas. Entonces le ocurre una idea: porque no aprovechar _ cambiando los pronombres – el ímpetu, el ardor auténtico de las cartas de la despreciada, encaminando sus declaraciones a su indiferente amada? Ella no precisaría saber del truco. Y así lo hizo. En poco tiempo la indiferente mujer se enamora de él. El amor, en ella, le entró "por los oídos".
Conquistada su dama él, pensando que su triunfo es definitivo, cesa la maniobra. Y lo que pasa? Su amada se va enfriando, llegando al punto cero. Desesperado, el intenta soplar las brasas de la enamorado misivita pero ella, cansada de tanta indiferencia, no le escribe más. Con esto, el pierde las dos. Un cuento muy hábil. Pena que no me recuerde el título.
Personas de juzgamiento mas severo consideran moralmente censurable esta “trampa” de un ciudadano pagar a otro para que escriba un discurso o libro en su nombre. En el plan ideal hay alguna procedencia en este juicio, pero verificando la realidad del mundo en que vivimos, no hay mucho que extrañar. Todo se vende, todo se compra. Nadie me convence, por ejemplo, que Picasso no fue un gran charlatán. Pintor mediocre, pero tremendo psicólogo de marketing, consiguió convencer que era un genio. Era genio, si, pero de la auto propaganda. Y nadie, por décadas, se atreverá a demonstrar lo contrario porque aquellos que compraron sus cuadros, carísimos, no van a querer perder sus inversiones. Mismo desconfiando, íntimamente, que aquellos fáciles y atrevidos diseños ellos mismos los podían hacer. Estoy, no obstante, desviándome del tema principal.
Políticos son muy ocupados. Requisitados para hablar en varios tipos de ambientes, tendrían que ser una mezcla de enciclopedias, especialistas y diplómatas habilísimos. Esto porque no basta, al político, decir la verdad. La cosa más fácil del mundo porque en general es obvia y simple. Lo más importante, políticamente, es prever cual será la repercusión de cada palabra o frase en los mas diferentes oídos. Lo que agrada a los operários puede desagradar a los patrones – y como conseguir financiación en la próxima campaña electoral? Si el discurso desagrada a los trabajadores, donde obtener los votos necesarios para seguir en la política? "Cada hombre, un voto" es encarada, por algunos, como una "demagogia" que incomoda aquellos que piensan – pero jamás lo dicen en público – que las naciones deberían ser conducidas por una elite, no por el mayor número, "incapaz de distinguir lo que es más importante".
Llevando en consideración que la versión vale más que el hecho – todo político sabe de eso -; que la "mercancía"– intelectual o material – de cada uno solo será adquirida si saben que existe y que “la propaganda és el alma del negocio”, no és de estrañar que un gran número de personas quiere ver su nombre mencionado en la prensa y, si posible en la capa de un libro. En la última disputa electoral norteamericana, el encargado de la campaña de John McCain hizo cuestión de mencionar que él también, no solo Obama, tenía libros publicados.
Político, casi siempre, no tienen tiempo disponible para hacer pesquisas. Pero son necesárias para la elaboración de discursos importantes. Entre hablar bobadas que, los pueden desmoralisar, o encargar un asesor intelectual para buscar datos y redactar el borrador de un discurso, prefieren, logicamente, la última opción. Se justifican, moralmente, con la consideración de que en el fondo, en la substancia, el discurso es suyo. La forma, apenas, és de otra persona. Que no puede, por contrato, hacer alarde por ahí que fué él quien redactó este o aquel discurso.
Cuanto al “secreto” del autor, ocurre actualmente, en los EUA, un fenómeno interesante. Siendo una sociedad abierta – nadie puede negarlo con honestidad – yá no se esconde que los discursos deste o de aquel presidente son o fueron escritos por determinadas personas. Nada resiste al periodismo investigativo norteamericano. En el Wikipedia – la enciclopedia gratis de internet – existe una lista de autores de discursos presidenciales. Voy a mencionar, aqui, algunos nombres de redactores y, en seguida, entre paréntesis, el nombre del presidente norteamericano: Pat Buchanan (Nixon); Jon Favreau (Obama, en la campaña presidencial); David Frum e Michael Gerson (George W. Bush); Richard Goodwin (Kennedy e Lyndon Johnson); Peggy Noonan Regan); William Safire e Bem Stein (Nixon); Theodore Sorenson (Kennedy); Don Watson (primer ministro australiano Paul Keating). Y esta lista és apenas para ejemplificar.
No sé quien escribe los discursos de Lula, pero alguien lo debe de hacer. Eso no desmerece sus pronunciamientos – como tampoco los discursos de sus antecesores en la presidencia de Brasil. Principalmente porque Lula costumbra huir del texto, añadiendo observaciones y metáforas. Hay quien censure estos “añadidos improvisados”, pero mi opinión personal és de que el pais se beneficia con esto porque puede conocer mejor lo que se pasa por la cabeza de su gobernante. Cuanto mayor la percepción, por parte del pueblo, de lo que realmente pasa en la cabeza de su representante mayor, mejor. Afinal, los presidentes no “representan” sus conciudadanos? Para que sirve oir un bello y correctísimo discurso redactado por un asesor presidencial?
Voy, ahora, mencionar, un lado socialmente útil en la actividad del “speechwriter”. Algo que vá más allá de la mera intención de ganacias: la posibilidad de sugerencias de ideas que al politico no le hubieran ocurrido, si no fuera el “borrador” redactado por el escritor, o el cambio de ideas hasta la redacción final. Una iniciativa brillante le puede ocurrir al redactor. El político la adopta y con eso el rumbo de un gobierno puede sufrir un benéfico cambio. En suma, "speechwriter" puede salvar un gobierno, hasta un pais. Nadie puede negar que habia un dedo de Henry Kissinger en los pronunciamientos y deciciones del Presidente Nixon en cuestiones de política exterior, en el tiempo en que fué su secretario de estado. Un redactor de discursos presidenciales puede también influenciar negativamente en el rumbo de un gobierno, pero se parte del presupuesto de que, en este caso, otros miembros del gobierno tengan condiciones de alertar el presidente cuanto a los peligros de las sugerencias. Resumiendo, un redactor de discursos presidenciales puede, en casos extremados, decirse a si mismo que fué una especie de "co-presidente", semi-responsable por la suerte de su pais.
Abogados y periodistas, particularmente, tendrían una facilidad natural para esta nueva actividad. Un experiente abogado de San Pablo, Dr. Nereu Mello, oyendo mi elogio a su estilo fuerte y persuasivo, me explicó, dejando de lado su habitual modéstia, que "También, pudiera! He pasado la vida intentando convencer a los jueces por los derechos de mis clientes!" Periodistas, habituados a convivir con las dificultades en elegir las palabras e ideas – tanto és así que buena parte dellos se convierten en autores de prestígio – son candidatos naturales a esa nueva profesión. Esto, sin decir de los escritores desconocidos que, por señal, no deven jamás desistir de sus intentos, mismo ganando la vida en otras profesiones. Un escritor norteamericano que se há tornado conocido y rico en la profesión, decía que le llevó quinze años para descubrir que no tenia talento. Pero ahí yá era demasiado tarde: Yá se habia vuelto famoso.
Hay sentimientos inexplicables: si yo – en la más descabellada hipótesis -, escribiera, como "ghostwriter", una obra que le permitira a otro ganar el Premio Nobel, no me sentiría frustrado con el hecho. Podría lamentar la pérdida del dinero del premio, pero no la perdida de la gloria. Sabría que la obra era mía. Es lo que basta. Estaría intimamente realisado. Esto demuestra cuanto las personas dependen de la auto-aprobación. Mucho más de lo que la aprovación del mundo.
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* Es abogado en Brasil.