martes, 14 de fevereiro de 2012


Importaciones

Argentina dice que Brasil presiona, pero no quiere arriesgar negocios

La semana pasada estuvo en Buenos Aires la secretaria de Comercio Exterior, Tatiana Prazeres. A comienzos de mes, Paulo Skaf, presidente de la poderosa Federación de Industrias de San Pablo, la FIESP. Y ayer, en Brasil, la cúpula de la misma entidad se entrevistó con el embajador argentino Luis María Kreckler.

El torniquete a las importaciones creado por el Gobierno explica semejante operativo. Más que eso, el hecho de que el mercado argentino es clave para las manufacturas brasileñas .

Prazedes se reunió con la ministra de Industria, Débora Giorgi, con Guillermo Moreno, la secretaria de Comercio Exterior, Beatriz Paglieri, y el jefe de la AFIP, Ricardo Echegaray. Casi idéntica fue la agenda de Skaf: no figuró Echegaray, pero asistió el ministro de Economía, Hernán Lorenzino.

El rango de los interlocutores puestos en escena por la Casa Rosada revela, ya, la intención de que el diferendo comercial no pase a la categoría de conflicto. Y menos que pueda dañar el vínculo de Cristina Kirchner y la presidenta Dilma Rousseff : es fuerte la sospecha de que alguna conversación telefónica hubo entre ellas.

“El nivel de desinformación que existe allí sobre los controles todavía es grande”, dice Dante Sica, un especialista en los recovecos de las negociaciones bilaterales. Se diría que tan grande como la confusión que hay aquí .

Sica cree probable que esperen algunas semanas para ver cómo funciona el sistema en los hechos. Y enterarse, así, si las exportaciones brasileñas tendrán trato preferencial, como aspiran.

Al otro lado de la frontera son concientes que detrás del filtro a las importaciones asoma un problema de divisas escasas , con una sequía de impacto aún incierto sobre la super soja y la necesidad de alcanzar un superávit comercial de US$ 10.900 millones. Eso, que en la Argentina se conoce de sobra, transmite Skaf a los empresarios.

La FIESP agrupa a 131 cámaras, que a su vez representan a unas 150.000 industrias de todos los tamaños. Dice de si misma que es “caja de resonancia de los grandes acontecimientos del país y principal interlocutor de los sectores productivos”.

Relevamientos preliminares de la entidad les dan que “cerca del 74 % de las exportaciones podrían ser afectadas por las restricciones argentinas”. Que las ventas de calzado, electrodomésticos, máquinas, autopartes, muebles de madera, alimentos y textiles ya sufren las trabas de las llamadas Licencias No Automáticas.

Se comporta como “una caja de resonancia”. Para el caso, un modo evidente de presionar sobre las posiciones de su gobierno.

En la central paulista tienen claro que no viene mal tensar la cuerda, aunque sin romperla, porque están en juego los intereses de sus propias industrias. Y Skaf lo pone con todas las letras: “La Argentina es nuestro mayor cliente en manufacturas. Exportamos mucha commodity al mundo (productos primarios), pero son los argentinos los que más compran manufacturas brasileñas ”.

Desde allí llegan autos y autopartes, laminados de acero, camiones, motores, tractores y aviones. Se trata, justamente, de bienes industrializados.

Brasil lleva ocho años consecutivos de superávit en el comercio bilateral. Y en ese período acumuló un saldo favorable de casi US$ 30.000 millones : 5.800 millones en 2011, pese a una relación cambiaria que beneficia a la Argentina.

Este es uno de los argumentos que emplean los funcionarios locales para pelear por un balance más equilibrado. Otro, que ellos también ponen barreras a los productos argentinos: Brasil no es un campeón del libre comercio, y se protege como el mejor.

En realidad, el problema de fondo está en las escalas de producción y en el desigual despliegue tecnológico . Y el efecto se mide en productividad de las economías, esa palabra que insistentemente menta ahora Cristina Kirchner.

Skaf suele aludir a la alternativa de invertir en la Argentina para producir bienes que empresas de su país podrían adquirir. Y cita el caso de la industria naval, como proveedora de barcos a Petrobras. Detrás de ese objetivo anda Débora Giorgi.

Sería un gran negocio, dado el enorme plan de expansión de la petrolera. Y mejor si el Banco Nacional de Desarrollo acerca créditos blandos, aunque existe un escollo importante: el financiamiento a los astilleros argentinos estaría condicionado a que el 60 o el 70 % de los barcos tengan componentes made in Brasil , o sea producción y trabajo propios . Es un requisito que también plantea Skaf, aunque sin hablar de porcentajes.

Convertirse en proveedor de Petrobras no es soplar y hacer botellas. En el más optimista de los supuestos, pasaría un año antes de venderle barcos.

La integración productiva entre los miembros fue un objetivo fundacional del Mercosur, uno de los tantos que aún flotan en el aire. Y está claro que el socio más grande debe hacer los mayores esfuerzos de complementación.

Pero a medida que el tiempo pasa, las asimetrías tienden a profundizarse. Y siempre cuentan las políticas que cada cual se dé al interior de su propio país, porque, como alguna vez dijo Lula sobre la Argentina: “Nosotros no podemos hacer por ustedes lo que ustedes no hacen por ustedes mismos ”.

Tregua

La industria brasileña le dio al gobierno argentino "un voto de confianza, porque nos garantizó que no habrá atrasos en autorizar importaciones desde Brasil" subrayó ayer Paulo Skaf, titular de la Federación de Industrias del Estados de San Pablo (FIESP). Fue en una conferencia de prensa que compartió con el embajador argentino en Brasil Luis María Kreckler. Del lado argentino, fue evidente que el gobierno de Cristina Kirchner decidió dar un papel protagónico a la entidad empresarial paulista, en negociaciones que apunten a reducir el déficit del intercambio comercial bilateral.

Sakf partió de una presunción: la Presidenta ha decidido controlar en forma personal la evolución de las relaciones económicas con Brasil. Esto le daría en principio una seguridad: que se cumplirá la promesa que recibió en Buenos Aires en su reunión con los ministros Hernán Lorenzino y Débora Giorgi, y los secretarios Guillermo Moreno y Beatriz Paglieri. Allí, estos funcionarios aseguraron que el nuevo régimen de importaciones vigente desde el 1º de febrero "no van a afectar el comercio con Brasil". En función de esa certidumbre, el dirigente industrial paulista ayer fijó su posición: "Vamos a esperar hasta fines de febrero" para evaluar cómo anduvo el sistema y si las exportaciones brasileñas fueron o no perjudicadas.

Gran parte de la reunión entre la cúpula de la FIESP y el embajador Kreckler giró alrededor del acentuado déficit comercial que acumula Argentina. Skaf reconoció que “Brasil tuvo consecutivos superávits, que el año pasado alcanzó a 5.800 millones de dólares” y consideró indispensable que se consiga “un mayor equilibrio”. En ese contexto, el empresario admitió que “la gran preocupación argentina es por l a importación de autopiezas (representa 60% del déficit)”. El dirigente indicó que, para explorar las chances de revertirlo, "los próximos días haremos una reunión con los líderes de Anfavea (que reúne a las terminales automotrices brasileñas) y con el sector de autopiezas. Tenemos que ver las posibilidades de que las automotrices de Brasil compren también más piezas procedentes de Argentina".

Hay otra iniciativa tomada por la entidad paulista. En abril se hará en Buenos Aires y mega encuentro empresarial bilateral: “El objetivo es que la industria argentina muestre su competitividad, y con eso estimular las inversiones brasileñas”, señalaron

(Publicado por El Clarín – Argentina, 14 febrero 2012)

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