martes, 10 de janeiro de 2012


Mercosur

Uruguay: El Mercosur parte aguas

Es amor u odio. Como pocas veces en sus 20 años de historia, el vínculo de Uruguay con el bloque regional genera tantas divisiones. Y la apuesta del gobierno de jugar todas sus cartas a reflotar el vínculo con los países socios, y sumar otros al "club", potencia la discusión entre políticos, empresarios y ciudadanos de a pie, sobre si el Mercosur es la solución ineludible a todos nuestros problemas, o la loza fúnebre que terminará aplastando nuestras posibilidades de despegue económico definitivo.

"Con Brasil tenemos tranquera abierta pero con Cristina no será sencillo". Esa fue la conclusión que transmitió el presidente Mujica a un grupo de empresarios a los que citó en Anchorena para comentar los resultados de la última cumbre del Mercosur que tuvo lugar en Montevideo. Cumbre que estuvo marcada por la polémica propuesta para forzar el ingreso total de Venezuela al bloque, pero cuyo trasfondo fue palpar el ánimo de los distintos gobiernos ante la agudización de la crisis en Europa y su posible impacto regional. Según Mujica, Brasil apuesta a mantener abiertas las fronteras, pero "Argentina se va cerrar a exportaciones y eso puede complicar".

Las palabras de Mujica difícilmente hayan generado sorpresa en su auditorio. Las relaciones comerciales con Argentina en los últimos años se han vuelto cada vez más arduas, a medida que ese país ha buscado potenciar un proceso de "reindustrialización" a costa de cerrar su mercado a los productos extranjeros, aun los del Mercosur. Entre las medidas que tomó Argentina se encuentra el sistema de licencias previas de importación, que ya representa un duro golpe a la integración. Pero a esto se suman otras menos ortodoxas, como aplicar toda suerte de presiones a las empresas para frenar las importaciones.

Los números de la balanza comercial de Uruguay con el vecino son por demás explícitos. Mientras que en 2011 nuestro país importó mercaderías por US$ 1.821 millones, solo pudo exportar por US$ 588 millones. Por ejemplo la industria del libro que volcaba casi 60% de sus ventas a Argentina, de un día para otro vio cómo ese mercado se cerraba. Lo mismo con la vestimenta, rubro para el cual el presidente había negociado plazos especiales para las licencias de importación, pero que no se están cumpliendo; algo similar a lo que ocurre con los productos alimenticios.

El empresario uruguayo Fernando Rettich, director de la fábrica Delne planteaba su caso días atrás con claridad, al señalar que su firma compra la mayoría de sus insumos en Argentina, pero le resulta imposible vender allí su producto, pese a ser competitivo, por las trabas que impone el gobierno.

Esto ha agudizado el debate en torno al tema, y particularmente sobre las relaciones "carnales" de las cuales el gobierno hace gala con los vecinos del Plata. Días atrás el expresidente Batlle afirmaba que "los argentinos hacen lo que quieren. Somos los hijos de la pavota". Pero desde el gobierno se defiende esta política, afirmando que es la única forma de conseguir algún resultado, y acusando a quienes lo critican de promover un "nacionalismo chauvinista".

Más allá de las siempre difíciles relaciones con Argentina, tampoco está claro que "la tranquera" esté tan abierta con Brasil. En los últimos meses son varios los rubros que están sufriendo trabas de todo tipo. Desde los automóviles, hasta las frazadas; son permanentes los problemas para exportar a ese país, ahora con la acusación de que muchos productos uruguayos son en verdad triangulaciones de bienes fabricados en China. Estas trabas, más sutiles pero igual de efectivas que las argentinas, vuelven una pesadilla la tarea de industriales y exportadores.

Estos problemas comerciales que afectan al Mercosur, y la agudización del debate político en torno al proceso de integración no son nuevos. Desde su génesis el bloque se ha visto en medio de una polémica acerca de cuál debería ser su naturaleza. En un principio fue lanzado como un bloque con fines netamente comerciales, y por ello recibía durísimas críticas de parte de quienes hoy, cuando ha mutado a una unión esencialmente política, más lo defienden. El gran problema es que no está claro cuáles son las ventajas para el país de integrar una unión de este tipo, si no insume ventajas comerciales importantes, ya que parece poco lo que Uruguay puede obtener de integrarse a realidades políticas tan cambiantes, inestables, y hasta conflictivas, como las que se viven en Argentina, Brasil o Venezuela.

Por otro lado, el imparable crecimiento de Asia, que es hoy casi el primer socio comercial de todos los países del bloque, parece mostrar que el camino de la integración, como fue en su tiempo en Europa, debe pasar primero por las ventajas comerciales. Hay estudios que comparan la realidad económica de América Latina y de Asia y que señalan que la gran ventaja comparativa de estos últimos es la enorme interacción productiva que existe allí, donde -por poner un ejemplo- un pantalón es fabricado con algodón de Bangladesh, con mano de obra china, y terminación de Vietnam. Ese sistema permite aprovechar las ventajas comparativas de cada país, y así obtener productos a precios más ventajosos. Según un estudio del BID, el comercio intrarregional de Latinoamérica es apenas un 20% del total de la región, comparado con el 46% en Asia. Este fuerte comercio interregional y el nexo entre las distintas cadenas producti- vas, que es señalado como fundamental por organismos como la Cepal, parece imposible en una región donde las trabas al comercio vuelven una tortura el intercambio de bienes y servicios.

Ante este panorama, resuenan las palabras del ex presidente brasileño Lula da Silva, quien en una intervención a poco de desatarse la crisis financiera global sentenciaba que "el proteccionismo es como una droga, que ofrece alivio inmediato pero después deja a su víctima en una prolongada depresión".

La frase I

"Las trabas de los vecinos ya son algo indignante... Hoy vemos con la ñata contra el vidrio cómo los demás gobiernos protegen a sus empresas y nosotros seguimos sin protección". (W. Burghi, Cámara de Industrias)

La frase II

"El proteccionismo es como una droga, que ofrece alivio inmediato pero después deja a su víctima en una prolongada depresión". (Expresidente de Brasil, Lula da Silva).

El dato

Las exportaciones de Uruguay a Argentina en 2011 fueron por US$ 588 millones, y a Brasil por US$ 1.630, mientras que las importaciones de esos mercados fueron por 1.821 y 1.646 millones respectivamente.

(Publicado por El País - Uruguay, 9 enero 2011)
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