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Perú: El golpe del año en la Sala Plena de la Corte Suprema

El dr. Enrique Mendoza, el nuevo presidente de la Corte Suprema, y Ana María Aranda, flamante jefa de la OCMA

martes, 11 de dezembro de 2012


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Perú: El golpe del año en la Sala Plena de la Corte Suprema

El vocal supremo Luis Felipe Almenara se aprestaba a celebrar su elección como presidente del Poder Judicial, luego de la asamblea que lo elegiría, cuando la votación, contra lo esperado y ya pactado, designó a otro. Una crónica sobre los motivos de fondo, que no son los programáticos, que explican el reciente encumbramiento de Enrique Mendoza como jefe del sistema judicial peruano.

La asombrosa designación de Enrique Mendoza como presidente de la Corte Suprema del Perú sorprendió sobre todo al juez elegido. Hasta minutos antes de la votación final, Mendoza no tenía expectativas de hacerse con el cargo. Aunque era uno de los tres candidatos, solo poseía dos votos: el suyo propio y el de Vicente Walde, miembro del Consejo Ejecutivo del Poder Judicial.

Walde era toda su fuerza. Lo mismo ocurrió en las elecciones de diciembre del 2010, cuando los vocales supremos eligieron a César San Martín en el más alto cargo judicial. Mendoza se lanzó de candidato y solo lo apoyó Walde. El marcador fue dieciocho contra dos.

El amigo

Claro que, con dos candidaturas a cuestas, incluida la de este año, Mendoza indicaba que quería ser un líder en el Poder Judicial. Pero el solitario acompañamiento de Walde también mostraba que no representa una corriente dentro de la Corte Suprema ni es, en lo personal, una figura con mucho arrastre.

Sin embargo, en 2004 los vocales supremos lo eligieron como su delegado ante el Jurado Nacional de Elecciones, al que presidió hasta el 2008. Antes, hasta el 2001, cuando accedió por concurso a la Corte Suprema, había desarrollado su carrera judicial en Piura. El Consejo Nacional de la Magistratura se deshizo en elogios hacia su idoneidad en 2009, cuando lo ratificó como magistrado. En el JNE Mendoza se hizo conocido como una figura fuerte y empeñada en remarcar la supremacía de este organismo sobre la Oficina Nacional de Procesos Electorales. No permitía que Magdalena Chú, la jefa de la ONPE, se sentara a su lado.

Por otra parte, Mendoza mantiene una cercana relación personal con Alan García desde que eran estudiantes. Cuando fue presidente del JNE y García primer mandatario, convenció a este de que era necesario desaparecer a la ONPE. El 11 de abril de 2007 ambos salieron al patio externo de Palacio de Gobierno, a donde había acudido Mendoza. García dijo que el sistema de elecciones era demasiado caro y que era necesario hacer un solo organismo. La iniciativa no prosperó entonces, pero el hecho demostró que Mendoza sabe moverse con el Poder Ejecutivo.

Apropósito, Alan García ha sido mencionado en repetidas ocasiones en los pasillos que dan a las oficinas de los vocales supremos a raíz de las elecciones del nuevo presidente del Poder Judicial.

El árbitro

Los dos principales candidatos para suceder a César San Martín en el cargo eran Luis Felipe Almenara y Duberlí Rodríguez. Desde que se insinuaron las candidaturas, a mediados de año, hasta el día anterior a la votación, los vocales supremos se fueron alineando hasta el punto que todo el mundo sabía qué sentido tendría el voto de cada uno. Sufragarían 18 de 20 magistrados –el designado al JNE se abstiene y hay una vacante no cubierta– en un sistema de dos vueltas. Si en una primera ronda nadie obtuvo la mitad más uno de los votos, hay una segunda en la que decide la mayoría simple. Al 5 de diciembre, Rodríguez tenía a su favor ocho votos y Almenara siete, contando el de cada candidato a su favor.

Mendoza era el tercer candidato, pero solo tenía el apoyo solitario de Walde. Cuando se acercaba el final del proceso ambos obtuvieron el respaldo de un juez que no estaba entre los votos fijos de Rodríguez y Almenara: Javier Villa Stein. Aunque públicamente se dijo que el ex presidente de la Corte Suprema era el factótum de Rodríguez, en realidad corría solo. Así, estos tres, aunque jugando a perdedores, por lo menos tendrían el privilegio de decidir quién sería el próximo presidente de la Corte Suprema.

Ahora bien, no es un secreto que Vicente Walde es aprista hasta el tuétano, y de los disciplinados. Si se añade la amistad de Mendoza con Alan García, podría pensarse que este podría tener alguna influencia en el curso de las cosas. De hecho, lo pensaron tanto Almenara como Rodríguez. Ambos se reunieron con él.

Es posible que, luego de las reuniones, los dos principales candidatos hayan sentido que el ex presidente influiría a su favor. En todo caso, el dúo Mendoza-Walde actuó decisivamente un día antes de la elección.

Los antagonistas

Aunque los candidatos presentaron públicamente sus planes de trabajo, es difícil determinar por los planteamientos cuáles eran sus diferencias de fondo. Pero había matices. Almenara, por ejemplo, dio un mensaje de continuidad de la gestión de San Martín, que ha perfeccionado en varios aspectos el funcionamiento judicial. El candidato asentó sus propuestas en su enorme experiencia en el sistema, pues es el magistrado más antiguo: empezó en 1962 como amanuense mientras estudiaba Derecho en la Universidad Católica.

"Mi intención es continuar con la gestión estratégica, moderna, previsora y ágil de mis antecesores", reza la introducción del plan. A las claras se notaba que su principal patrocinador era el presidente saliente, César San Martín.

Rodríguez, en el marco de un plan más detallado, puso énfasis en el fortalecimiento de los procesos de reforma procesal en todo el país. También proponía avanzar en el proceso de modernización tecnológica del Poder Judicial. En cuanto al combate a la corrupción, ofreció crear la figura de jueces contralores. Es posible encontrar similitudes entre lo planteado por Rodríguez y Mendoza, aunque el plan de este se hallaba organizado de distinta manera. Desde la perspectiva del ciudadano, Mendoza tenía planteamientos para la calidad, celeridad y transparencia del sistema. En lo institucional, le interesaba un empoderamiento del Poder Judicial e impulsar la gestión administrativa y las reformas.

Ninguno de los planes recoge la propuesta de César San Martín de solicitar facultades extraordinarias para combatir la corrupción dentro del Poder Judicial. Hace unos meses la medida fue avalada por todos los votos de la Sala Plena menos uno: el del actual presidente Enrique Mendoza.

En aquella oportunidad Mendoza era el jefe de la Oficina de Control de la Magistratura, donde no tuvo una gestión sobresaliente de cara a los propósitos de esa dependencia.

Las motivaciones

De modo que más allá de los matices, no existen diferencias de fondo entre los planes que compitieron. En cambio es más sencillo explicar otras causas que alinearon a los jueces con un candidato u otro. Algunas son afinidades personales, otras de política institucional. Quizá las primeras prevalezcan.

La pública rivalidad entre los dos últimos presidentes San Martín y Villa Stein, marcó en buena medida la elección. Pero no porque ambos representaran, como efectivamente ocurría, visiones distintas jurisprudenciales. En materia de derechos humanos, su disensión sobre la sentencia a miembros del Grupo Colina no pudo ser más ruidosa. Sin embargo, esta sentencia, por la que Villa Stein afronta un proceso disciplinario ante el CNM, no jugó ningún papel a la hora de decidir las preferencias de votación. Podría decirse que en un momento determinado las diferencias personales entre los dos magistrados eran más fuertes que las doctrinarias.

San Martín no apoyó a Rodríguez porque supuso –o por lo menos eso decía– que iba a ser influido por Villa Stein si se convertía en presidente. Sin embargo Villa Stein, un conservador, no se sentía cabalmente identificado con Rodríguez, quien está más a su izquierda. Al mismo tiempo Villa Stein desconfiaba de Almenara por la alianza de este con San Martín, a quien, en su apreciación, permitiría que continuara ejerciendo poder detrás de bambalinas.

Almenara, por otra parte, tenía el apoyo de los jueces más antiguos e institucionales. Y puso en contra suya a magistrados que consideraban que estuvo comprometido en la poda de jueces que realizó el fujimorismo en 1992. Él lo ha negado, pero algunos votos en contra suya se deben a aquel recuerdo.

El desenlace

Un día antes de la votación, el dúo Mendoza-Walde le comunicó a Almenara que lo apoyaría. Semanas antes habían llegado a un acuerdo con Rodríguez para aliarse en el caso de que no hubiera ganador por mayoría absoluta en la primera vuelta. Si Mendoza era uno de los dos finalistas, Rodríguez lo apoyaba. Y viceversa. El acuerdo evidentemente favorecía a Rodríguez, que en el proceso obtuvo siete sólidas adhesiones.

Más adelante Villa Stein decidió apoyar a Mendoza, con lo cual la victoria de Rodríguez parecía asegurada.

Pero Mendoza se decidió finalmente por Almenara. Mendoza se lo explicó a Rodríguez, aunque no fue explícito respecto de los motivos. Se lo explicó también a Villa Stein, a quien se le presentó un dilema. ¿Quedarse solo? ¿Apoyar a Rodríguez y perder?

El siguiente paso fue que Almenara, la noche del miércoles 5 de diciembre, recibió el apoyo de los tres vocales que definían la contienda. En el ínterin se había producido otro hecho notable: San Martín y Villa Stein volvían a estar del mismo lado. Cuando el segundo postuló, en 2008, recibió el apoyo de San Martín. Y luego este recibió el apoyo de Villa Stein dos años después.

Después de haberse dicho vela verde en público, esta coincidencia merecía una explicación. Y por eso al día siguiente, cuando comenzó la Sala Plena que elegiría al nuevo presidente, San Martín le dio la palabra a Luis Felipe Almenara.

El vocal más antiguo dijo que Villa Stein y San Martín habían tenido enfrentamientos que debían superar en aras del fortalecimiento institucional. Pidió a ambos un gesto en ese sentido. Ambos se dieron la mano. Sonrieron. Y hubo aplausos.

Almenara, claro, suponía que en los minutos siguientes se produciría la votación que lo convertiría en presidente de la Corte Suprema.

Pero un cuarto de hora antes de la ceremonia Duberlí Rodríguez y los siete vocales que lo apoyaban fueron a la oficina de Enrique Mendoza en la OCMA. Le ofrecieron sus votos para que él ocupara el más alto cargo del sistema judicial.

–No puedo–dijo Mendoza–. Ya le ofrecí mi apoyo a Almenara.

Walde se hallaba presente en la reunión. Junto a Duberlí Rodríguez estaban Elvia Barrios, José Lecaros, Josué Pariona, Víctor Ticona, Javier Arévalo, Jorge Salas y Jacinto Rodríguez. Era un grupo que no solo votaría por él sino que lo acompañaría en su gestión.

Como diría El Padrino, era una oferta que no podía rechazar.

Control de jueces

En su nuevo cargo, al mando de la jefatura de la Oficina de Control de la Magistratura del Poder Judicial (OCMA) para el periodo 2013-2015, Ana María Aranda Rodríguez, anunció que supervisará con fuerza las conductas funcionales de los magistrados y auxiliares a fin de combatir las irregularidades.

Asimismo, propuso incentivar acciones preventivas en el marco del plan de trabajo que realiza esta institución.

"Vamos a entrar con toda la fuerza para combatir los actos irregulares, los vamos a investigar y en su oportunidad habrá una respuesta efectiva", remarcó Aranda.

Además, la magistrada pretende ejecutar acciones de supervisión para que los procesos judiciales que usualmente demoran mucho tiempo puedan culminar dentro de los plazos dispuestos por ley.

"Tenemos que continuar capacitando a los jueces y sensibilizar a los servidores judiciales que tienen el primer contacto con el justiciable o la persona que viene a informarse en el PJ", remarcó Aranda.

(Publicado por La República - Perú, 9 diciembre 2012)
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