Forenses
El recolector de huellas
A través de la identificación genética, José Antonio Lorente se ha involucrado con la historia de América: está analizando los restos de Colón y de Bolívar, y ayudó en casos de detenidos desaparecidos. Su última iniciativa es DNA-ProKids, organización que combate el tráfico de niños.
Los niños mendigos son una postal habitual de las grandes ciudades latinoamericanas. Desde Río de Janeiro, pasando por Lima y Santiago, se pueden encontrar menores pidiendo limosna a la salida de los restoranes, limpiando parabrisas en los semáforos, conversando en esquinas con adultos de dudosas intenciones, arrancando de ellos. Escondiéndose. Le llamaron la atención a José Antonio Lorente (51), profesor de Medicina Legal y Forense de la Universidad de Granada y colaborador del FBI, mientras recorría con policías de distintas capitales del Cono Sur. Y preguntó de dónde venían, qué se hacía con ellos. Ninguno le supo responder.
“Me decían que eran niños que se escapan de casa o que se los robaban y luego los abandonaban”, recuerda. Y miró el problema como él suele mirar el mundo: genéticamente. “Pensé: si no sabíamos quiénes eran, podíamos tomarles pruebas de ADN y cotejarlas con las de los padres que hayan reclamado la desaparición de sus hijos”, cuenta al teléfono desde Granada, España.
Eso fue a finales de los 90. La idea quedó en el congelador hasta el 2004, cuando viajó a Guatemala. Allá fueron los mismos policías a los que estuvo asesorando quienes le dijeron que el problema de la adopción ilegal iba en aumento. Por lo mismo, decidió que era el momento de poner en marcha, a través del laboratorio de identificación genética de la Universidad de Granada, DNA-Prokids, proyecto que lucha contra el tráfico de niños mediante la identificación genética de las víctimas y sus familiares.
El procedimiento es simple. Cuando los niños son vistos en la calle, los organismos de protección responsables los toman y llevan a centros de acogida. En esos lugares los encargados toman las muestras, con la autorización de la persona que tenga la capacidad legal para hacerlo, y se comparan con las de los padres que hayan denunciado desapariciones. Esto es importante tenerlo claro, ya que no se trata de ir y tomar muestras a los niños que no han sido recogidos porque, ¿qué garantiza que el menor vaya a encontrarse en el mismo lugar en el que se le tomó la muestra al otro día?
Actualmente DNA-ProKids tiene presencia en 16 países, entre los que podemos contar a Perú, Brasil, India y Tailandia. Han tomado 4.400 muestras de niños y familiares, gracias a las cuales han logrado 597 identificaciones positivas y abortado 257 adopciones ilegales.
Lo que hace esta organización es asesorar y entregar el soporte técnico a las distintas policías de cada país, para que cada una arme su propia base de datos. No es que ellos manejen una base global de niños perdidos.
A Chile, eso sí, no ha llegado.
“Para ustedes los chilenos, el problema del tráfico de menores es una cosa mínima comparada con otros países”, explica. “Si se roban a un niño, será noticia en todos los canales de televisión. Igualmente, el año que viene, tendremos una reunión con la PDI y Carabineros para tratar de poner el programa en marcha”.
Lorente sí ha viajado a nuestro país, en todo caso. Lo trajo otro problema.
Parte de la historia
El 2007, Hugo Chávez formó una comisión especial para la identificación de los restos del máximo símbolo de la República Bolivariana de Venezuela y protagonista de la mayoría de los discursos presidenciales, Simón Bolívar. Debido a su experiencia en medicina forense -entre 1992 y 1993 estuvo investigando en el FBI, invitado por el jefe de la Unidad de Investigación Científica del organismo, Bruce Budowle- contactaron a Lorente quien, paralelamente, estudiaba los restos de otro personaje importante de la historia americana: Cristóbal Colón.
En el caso de Bolívar, las muestras elegidas para ser comparadas fueron las de dos hermanas, cuyos restos se encontraban en una iglesia caraqueña. En cambio, las de Colón fueron cotejadas con las de su hermano Diego y las de su hijo Hernando.
Cuando existe suficiente cantidad y calidad de muestra y un buen soporte tecnológico, las probabilidades de identificación son muy altas. Ahora, más que hablar de crimen perfecto, prefiero hablar de investigación imperfecta”.
Actualmente, el doctor está liderando la investigación para encontrar más indicios sobre los orígenes del descubridor de América. La mayoría de los libros de historia sostienen la tesis de que era italiano, pero últimamente ha asomado con fuerza la teoría de que proviene de Portugal. “Es un estudio lento y complejo. Estamos comparando, por medio del cromosoma ‘Y’ a personas que viven en el norte de Italia (zonas de Génova y Milán), de apellido Colombo, con unos 300 hombres de apellido Colom (como él lo escribía), que viven en Cataluña, Valencia y Baleares”, afirma. La idea es que estos resultados, que serán indicativos y no concluyentes, estén listos el próximo año.
Pero Lorente no sólo se vio involucrado en la definición de la historia previa a la independencia de las naciones latinoamericanas. También ha lidiado con la historia reciente de Chile. Cuando estaba en el FBI, conoció al forense chileno Hugo Jorquera, quien en 1997 lo contactó en nombre del en aquel entonces director del Servicio Médico Legal (SML), Jorge Rodríguez, y del ministro de Justicia de la época, José Antonio Gómez. Ambos querían comenzar a utilizar la tecnología del ADN, herramienta que se estaba popularizando a nivel mundial y que podía complementar la documentación antropológica que se había recabado sobre los casos de detenidos desaparecidos.
“Mi propuesta fue que aprovecharan la necesidad que tenían para crear buenos laboratorios. Asesoré su diseño y el desarrollo de técnicas analíticas”, recuerda.
El español detectó la necesidad, también, de apurar la toma de muestras. Muchas personas eran mayores, y si las madres y padres de los desaparecidos fallecían, con ellos iban muriendo también las posibilidades de identificar los cuerpos. Porque la mejor muestra para comparar será, siempre, la de la mamá. Luego, la del padre y los hermanos.
“Resultó tan bien, que Chile fue el primer país de Latinoamérica en tener un sistema de base de datos de genética de criminales, el sistema Codis, que utiliza el SML”, comenta. “Éste fue cedido en 2010 por el FBI, que vio que el país cumplía con todos los requisitos de equipamiento y personal entrenado”.
Ahora los países desarrollados cuentan con sistemas multidisciplinarios que dificultan la labor del criminal.
-Hoy, en 2012, ¿podría existir el crimen perfecto?
-(Ríe y piensa unos segundos). Cuando existe suficiente cantidad y calidad de muestra, y un buen soporte tecnológico, las probabilidades de identificación son muy altas. Ahora, más que hablar de crimen perfecto, prefiero hablar de investigación imperfecta. Esto muchas veces no depende de la policía o del forense, ya que a veces el ADN no se puede obtener de forma adecuada.
Eso sí, el ADN es un instrumento más de la investigación policial, igual de importante que la lógica, la balística y las huellas dactilares. “Si nos basamos en sólo una de estas disciplinas, podemos cometer errores”, dice.
“Ahora estamos a 38 grados a la sombra”, añade, acotando que está en un café cerca de su despacho de la Universidad de Granada. “Si pasara algo, y las pruebas quedaran al sol, qué sé yo, dos días, el ADN se destruye”.
Luego de haber participado en distintos proyectos donde el análisis de ADN ha sido la piedra angular, Lorente se ha convencido de que la investigación genética debe tener límites. Para él, el fin no justifica los medios, e identifica una arista nueva que está afectando las actuales investigaciones. “Especialmente ahora, toda investigación tiene un componente económico, de lucro. Por eso es necesario que la genética esté regulada, debido a que un 10%, aproximadamente, de toda la investigación que se hace, puede ser perniciosa para la humanidad”, asegura.
-Usted propone que cada país tenga su banco de muestras de ADN para niños perdidos, ¿cree que en el futuro se pueda generar un archivo global con muestras de todas las personas?
-Yo no sería partidario. Siempre hago la misma pregunta: en países en que esto se pueda hacer, como Chile o España, ¿cuántas personas mueren cada año y se quedan sin identificar porque no está su ADN? Poquísimas. Entonces, el costo-beneficio no tiene sentido. Se resolverían una mayor serie de casos en un momento determinado, porque se tendría mucha más información, pero el costo sería que toda persona fuese sospechosa de haber cometido un delito. La policía ya no investigaría quién ha sido, sino quién no ha sido.
(Publicado por la revista Qué Pasa – Chile, 17 agosto 2012)
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