martes, 18 de maio de 2010


Uranio

España: Nucleares, ¿pero con qué uranio?

El apoyo de Obama a la construcción de una nueva central nuclear en EEUU ha reabierto el debate sobre esta energía. Sin embargo, algunos expertos creen que el abastecimiento de uranio no estará garantizado después de 2013, una vez que termine el desarme de cabezas nucleares que alimenta las centrales

l 10% del uranio que consumen las 104 centrales nucleares de Estados Unidos proviene del desarme de cabezas atómicas rusas. Esta realidad tan fácil de entender hoy resultaría increíble para los líderes de Estados Unidos y la URSS, John F. Kennedy y Nikita Kruschev, durante la crisis de los misiles que puso al mundo al borde del conflicto nuclear en 1962. Pero lo cierto es que la carrera armamentística de la Guerra Fría está abasteciendo de uranio a muchas plantas atómicas en la actualidad. En 1993, años después de las tensiones político-militares, ambas potencias firmaban el acuerdo Megatons to Megawatts para desmontar 20.000 cabezas nucleares y usar su combustible con fines energéticos civiles.

Sin embargo, este proyecto, que finaliza en 2013, puede ser la chispa que encienda una crisis del uranio en el futuro inmediato. «Una parte importante de la demanda de combustible para las centrales nucleares se cubre con uranio procedente de armamento», dice Marcel Coderch, miembro del Consejo Asesor para el Desarrollo Sostenible de la Generalitat de Cataluña. «El problema vendrá cuando en 2013 se acabe el stock de uranio de los misiles. Ahora se empieza a estudiar si las minas serán capaces de abastecer toda la demanda».

En la actualidad, hay 436 reactores nucleares funcionando en todo el mundo. El número ha estado estancado durante 20 años debido a los problemas de financiación que tienen las centrales, provocados por los fuertes avales que necesitan. Pero, ahora, hay 56 centrales en construcción que comenzarán a producir electricidad en pocos años. China es responsable de una parte importante de esas nuevas plantas, concretamente de 20. Es un crecimiento similar al que tuvo Francia en los 70 cuando construía cinco reactores nuevos cada año.

Demanda 

Además, según la Asociación Nuclear Mundial, existen otros 142 proyectos en cartera. Hace pocas semanas, Anne Lauvergeon, presidenta de Areva, la compañía energética pública de Francia, aseguraba que desde que se detecta una señal de escasez de uranio en el mercado hasta que las minas son capaces de abastecer esa demanda pasan alrededor de 20 años. ¿Quién abastecerá el creciente consumo de uranio cuando se dejen de desmontar las cabezas nucleares de la Guerra Fría?

La minería de uranio no es una tarea fácil. Se trata de un mineral muy disperso y es necesario profundizar mucho en los yacimientos para encontrar las vetas más interesantes. Prueba de ello es el caso de la gran mina canadiense de Cigar Lake, que contiene las mayores reservas de uranio de alta calidad del mundo y que ha estado inutilizada durante dos años debido a una inundación de sus galerías más profundas, tiempo durante el cual no ha podido poner en el mercado el uranio que preveía extraer.

«Las minas no llegan a producir ni el 70% del uranio que consumen las centrales. En el mundo se usan unas 67.000 toneladas de uranio cada año y la minería produce entre 45.000 y 46.000 toneladas por año», explica Coderch. Si no se amplía unos años más el programa de desmantelamiento de misiles Megatons to Megawatts, los expertos auguran una subida importante del precio del uranio. Sin embargo, al contrario que con otras fuentes como el gas natural, «el precio de la energía atómica no depende en gran medida del valor de la materia prima, supone entre un 5% y un 10% del total», explica Germán García Calderón, director financiero y de aprovisionamiento de Enusa, la empresa pública que abastece de uranio enriquecido a las centrales españolas. Incluso con una duplicación del precio actual del combustible -unos 30 euros la libra, que equivale a 0,45 kilogramos-, el del kilovatio hora nuclear apenas se resentiría.

«El problema no será el precio, sino el abastecimiento de uranio. Por eso los chinos han firmado todos los contratos de nuevas plantas con garantías de suministro de combustible nuclear», asegura Marcel Coderch. Sin embargo, García Calderón disiente de esta opinión. «El desmantelamiento de armamento de la antigua Unión Soviética ha supuesto una fuente muy importante, pero cuando se acabe Megatons to Megawatts las centrales tendrán que abastecerse del uranio de las minas», asegura. «Subirá el precio y serán rentables explotaciones que no lo eran. Puede ser que haya tensiones en el mercado, pero no habrá una escasez».

La necesidad de reducir las emisiones de CO2 y los 24 años sin accidentes nucleares graves han influido de nuevo en el debate energético a esta fuente de energía. Este impulso ha brindado una oportunidad a países desfavorecidos, pero con importantes yacimientos de uranio, como Níger, Kazajistán o Namibia. La apuesta del país asiático por este mineral ha sido muy decidida en los últimos años y ha convertido a las minas kazajas en las más productivas después de las canadienses.

«El renacimiento es mediático, la nuclear sigue teniendo hoy los mismos problemas que en los años 70», dice Coderch. «Para que se pudieran reducir significativamente las emisiones habría que multiplicar por tres las plantas atómicas. Eso significa que en 2050 habría que renovar las 400 que hay en el mundo y construir 700 más, lo que parece muy complicado».

La opción nuclear de EE.UU. provoca fisuras

La decisión de Obama de dar un nuevo impulso a la energía nuclear en EEUU, 30 años después del 'parón' provocado por el accidente de Three Mile Island, ha provocado fisuras entre los ecologistas norteamericanos. Dos grandes mitos del movimiento ambiental, el climatógo de la NASA James Hansen y el fundador del Whole Earth Catalogue, Stewart Brand, han respaldado «la construcción de una nueva generación de reactores nucleares seguros y limpios» para combatir el calentamiento. Ambos alegan que el auténtico enemigo son las centrales térmicas de carbón y sostienen que las renovables no tienen capacidad para cubrir el vacío. En la trinchera opuesta, el fundador del Rocky Mountain Institute, Amory Lovins, y el director del Earth Policy Institute, Lester Brown, sostienen que, pese a los créditos públicos auspiciados por Obama, la energía nuclear acabará muriendo bajo su propio peso económico: el precio del kWh de una nuclear es ya el doble del generado por un parque eólico.

(Publicado por El Mundo – España, 28 febrero 2010)
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