lunes, 4 de abril de 2011


China – Argentina

Argentina: ¿Llegó la hora del desembarco de las inversiones chinas?

China, la segunda potencia económica mundial, dio el primer paso de sus inversiones en la Argentina en 2006, cuando un consorcio estatal adquirió al gobierno de Río Negro la mina de hierro de Sierra Grande -ex Hipasam-, cerrada desde 1991. Ahora, la versión de la compra del Standard Bank por parte de una entidad china volvió a colocar sobre la mesa el ahora declarado "amigo amarillo".

Luego de más de quince años de presencia en el continente africano ­tienen operaciones en 45 países- a comienzos de esta década una segunda oleada de inversiones al exterior posó la lupa sobre América latina y en especial en los países sudamericanos, grandes proveedores de commodities.

El objetivo es el abastecimiento de materias primas y recursos energéticos necesarios para sostener su fenomenal crecimiento económico. Apalancadas por un fondo soberano de unos US$ 300.000 millones, las transnacionales chinas salen a comprar firmas en otros países o asociarse para tener participaciones crecientes y así garantizar la provisión de los recursos. Esto responde también a la llamada go out policy -política de salir al exterior- establecida por el gobierno chino a mediados de los 90, tejiendo a nivel global redes de negocios de sus grandes transnacionales estatales.

China es hoy el principal exportador de capitales del mundo y eso suele generar temores en países que reciben parte de esos fondos.

Si bien la llegada de inversiones siempre es una buena noticia, la magnitud que está adquiriendo la avanzada china en el país produce una sensación de amenaza o vulnerabilidad frente al volumen y la velocidad del desembarco. Sólo en 2010 hubo anuncios formales de inversión por US$11.830 millones, aunque, claro, no todas se concretaron y otras fueron repeticiones de viejos anuncios. Frente a ello, los analistas recomiendan que el país tome resguardos y promueva las inversiones hacia sectores en los que hoy el dinero no fluye.

¿Amenaza u oportunidad?

"Los chinos tienen una estrategia clara respecto de una serie de países con materias primas que ellos necesitan. Pero lo que debería preocuparnos no es que vengan las inversiones chinas, sino que no llegaran a venir", asegura Alieto Guadagni, economista del Instituto Di Tella y autor del libro China después de Mao, socialismo y mercado En su opinión, China representa hoy "una oportunidad para la Argentina" ya que el país asiático tiene gran preocupación por la provisión de materias primas, pero advierte que "la respuesta frente a un país emergente con gran demanda de petróleo, gas y también minerales, con capacidad tecnológica y recursos para hacer inversiones es ver cómo nos posicionamos". Subraya que la demanda de alimentos por parte de China llevó la soja a los 500 US$/ton. y arriesga: "Si Raúl Prebisch viviera, reescribiría sus tesis sobre los términos de intercambio de la Argentina". Es que para Guadagni el "aporte de China al país no es tanto por los capitales que vienen sino por la mejora en los términos de intercambio".

Pero no a todos les irá igual.

"Entre los perdedores claramente estará México, porque compite con China en muchas producciones, pero los países del sur como Chile, Argentina, Brasil o Uruguay, se van a beneficiar de las inversiones chinas", apunta.

Dante Sica, titular de la consultora Abeceb.com y ex secretario de Industria, asegura que China "necesita sostener su tasa de crecimiento porque cada vez se incorporan más personas al consumo" y recuerda que de los 10 primeroscommodities en el mundo, en 8 China es el principal demandante.

Así, "las inversiones chinas son muy importantes para la región y en este sentido, la Argentina tiene fuertes oportunidades", señala.

Consultado sobre la eventual amenaza que puede suponer la llegada de capitales chinos al país, Sica considera que "el ingreso de un nuevo jugador al mercado va a requerir un proceso de adecuación" por parte de los actores locales. "Estamos acostumbrados a las inversiones europeas y americanas, pero esto es otra cosa; hace unos años empezaron a llegar las brasileñas y ahora las chinas".

Para Sica, otro hecho relevante es que como muchas inversiones chinas están destinadas al mercado exterior, "pueden crecer ciertas exportaciones y contribuir a reducir el saldo de la balanza comercial bilateral", que en 2010 tuvo un déficit de US$ 1.858 millones.

Por su parte, Sergio Cesarín, investigador del Conicet especializado en Asia-Pacífico y docente de la UNTREF, descarta que la llegada de empresas chinas pueda ser un riesgo para firmas argentinas y explica que "la percepción de amenaza está dada por la competencia con los productos chinos, que tiene que ver con escala o precios".

No obstante, aclara que "sí puede haber un efecto desplazamiento de proveedores locales".

En este sentido, pide "acuerdos de reciprocidad" y recomienda "mecanismos de regulación que nuestros países tienen que tener en cuenta". Hay que verlo desde cierto interés nacional ­enfatiza­ "para proteger las capacidades que son propias". Como ejemplo cita que "no hay inversión externa en el INTA, ni en biotecnología, ni en soja transgénica, que son desarrollos propios del país".

Frente a ello, se recomienda fijar estrategias como hacen otros países. Sica señala que en Argentina, en Brasil y Uruguay "empieza a discutirse la necesidad de regulaciones, y es un tema que estará en la agenda los próximos años".

El Estado "debe poner regulaciones o declarar estratégicos ciertos sectores o industrias para limitar la participación de empresas extranjeras", remata. En Brasil y Uruguay los extranjeros ya tienen restricciones a la propiedad de la tierra -para fines productivos-, pero nuestro país tiene una política de mayor apertura. En China los requisitos para los inversores extranjeros son tener un socio local y hacer transferencia de tecnología.

Mapa inversor La inversión original en la ex Hipasam pronto cambió de manos también chinas- y en noviembre de 2006 se hizo cargo de Sierra Grande la MCC - Metallurgical Group Corporation, que empezó a explotar un yacimiento con hierro para 150 años -la concesión es de 27 años-.

Primero se llevaron el mineral que ya estaba extraído desde antes, y luego, tras una inversión cercana a los US$95 millones, en diciembre pasado partió otro buque cargado con hierro hacia China.

Pero los reflectores se encendieron ­al menos para la mayoría de los argentinos­ cuando en marzo de 2010 la CNOOC - China National Offshore Oil Company adquirió el 50% de Bridas -grupo Bulgheroni- por US$3100 millones, y luego esta firma se hizo con el paquete accionario (por US$7.059 millones) que la British Petroleum tenía en PAE - Pan American Energy, la segunda petrolera del país, detrás de Repsol YPF. Tiene el 18% de la producción de crudo y gas y títulos sobre el Cerro Dragón -un área entre Chubut y Santa Cruz-, el yacimiento más productivo del país.

Para entonces, el interés chino en distintos sectores de la Argentina ya los había llevado a tener inversiones en el sector minero, petrolero y gasífero, la molienda de granos, la generación eléctrica, la producción y ensamblado de electrodomésticos, y hasta el sector lácteo. Recientemente se anunció la construcción de una planta de urea en Tierra del Fuego, un proyecto de US$1.030 millones de dólares que incluye, además, la construcción de una central de 50 MW de ciclo combinado para abastecer a la planta y un puerto comercial en la provincia. El proyecto es cuestionado, sin embargo, porque la provincia le venderá el gas a US$1,80 el millón de Btu, cinco veces menos que el valor de mercado.

Las inversiones chinas en el país ya son una realidad pero éste pareciera ser sólo el comienzo.

De hecho, durante la visita de la presidente Cristina Fernández de Kirchner a China en julio pasado, se firmaron convenios que abarcan infraestructura de transporte, pesca y energía. Allí se anunciaron inversiones por US$10.000 millones que incluiría recursos para el privatizado Belgrano Cargas, además de un crédito de US$1.400 millones para construir el subterráneo de Córdoba. O los anuncios sobre la financiación china para la ampliación, prometida en reiteradas oportunidades, de los subtes porteños.

Esto sin mencionar los más de 8500 autoservicios de residentes chinos en el país, que son inversiones privadas e individuales pero con presencia en todos los grandes centros urbanos. Los chinos no se avecinan, ya están entre nosotros.

(Publicado por El Clarín – Argentina, 3 abril 2011)
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