jueves, 18 de fevereiro de 2010


Argentina – Reino Unido

Malvinas: pese a las trabas, la petrolera británica iniciará en días las exploraciones

Desire Petroleum dijo que no piensa modificar sus planes. Y que la plataforma que está siendo llevada desde Escocia a las islas comenzará a operar la próxima semana. Ayer la Argentina anunció limitaciones para los barcos que viajen al archipiélago.

Buscan dificultar la exploración petrolera en las Islas Malvinas

En medio de la escalada de tensión entre Londres y Buenos Aires por el tema Malvinas, la firma británica Desir Petroleum ratificó hoy que la plataforma que está transportando hacia el archipiélago no modificará sus planes y comenzará a explorar la zona en busca de petróleo y gas la próxima semana.

Ayer, el jefe de gabinete, Aníbal Fernández, dio a conocer un decreto que establece que todos los barcos que pasen por puertos o aguas argentinas y pretendan viajar a las islas del Atlántico Sur deberán primero pedirle permiso al gobierno argentino. El funcionario mencionó específicamente que el objetivo era el de defender tanto el reclamo de soberanía sobre las islas como los recursos de esos territorios.

El decreto fue otro paso más en la escalada que viene enfrentando a Londres y Buenos Aires en torno a los permisos para que distintas petroleras realicen exploraciones en las islas. Y recibió una enérgica respuesta por parte de la diplomacia británica, que salió a ratificar tanto sus pretensiones de soberanía sobre el archipiélago como su postura con respecto a la legalidad de las operaciones petroleras.

Un vocero de Desire citado por la BBC ratificó hoy que Ocean Guard, la plataforma que está siendo transportada a Malvinas, empezará a buscar petróleo y gas la semana que viene, tal como estaba previsto.

El vocero le dijo además al site de la BBC que la plataforma, que partió en noviembre desde Escocia, ya se está acercando a las islas, donde sería usada por Diamond Offshore Drilling y AGR Petroleum Services. El portavoz se negó a hacer comentarios sobre la disputa entre Argentina y Gran Bretaña.

Medidas inglesas

Reino Unido ha enviado “en secreto” dos buques de guerra para reforzar su defensa naval de las Malvinas y pronto llegará otro a la zona, informó hoy el diario The Sun.

El periódico menciona al destructor HMS York como el buque al frente de esos refuerzos, pero el Ministerio de Defensa negó hoy que se haya aumentado la presencia militar británica en torno al disputado archipiélago.

 “El Gobierno está totalmente comprometido a proteger los territorios del Atlántico Sur, que incluyen las islas Falkland (Malvinas)”, afirmó un portavoz del ministerio.

“Hay ya en las islas una fuerza de disuasión, que comprende un abanico de activos terrestres, aéreos y marítimos que mantienen colectivamente nuestra defensa”, agregó el vocero británico.

    “Tenemos una presencia permanente en el Atlántico Sur, que incluye una fragata/destructor, un buque patrulla, un barco de vigilancia y otro dedicado al abastecimiento de la flota. Tenemos también 1.076 efectivos en tierra”, explicó el portavoz del Ministerio.

   El ministro británico de Asuntos Exteriores, David Miliband, mientras tanto ha desestimado el decreto de la presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, relativo a todos los buques que entran en aguas argentinas, que, según Argentina, incluyen toda la plataforma continental del Atlántico Sur.

   El Gobierno británico insistió el miércoles en que el mar en torno al archipiélago de las Malvinas lo controlan las autoridades de esas islas por lo que no las afecta el decreto de Buenos Aires.

  El presidente del grupo parlamentario que se ocupa de las Malvinas, Nicholas Winterton, calificó el decreto de la presidenta argentina de “patético e inútil” ya que, afirmó, Argentina carece de jurisdicción sobre las aguas en torno a las Malvinas.

    “Los argentinos vuelven a mostrar un comportamiento hostil, aunque hasta el momento se limite a meras palabras, hacia un vecino amistoso, las Falkland (Malvinas)”, dijo el diputado conservador, según el cual el Gobierno y la oposición están comprometidos con la defensa de la soberanía británica sobre esas islas y el principio de la autodeterminación para sus habitantes.

   Por su parte, el secretario de Estado para Europa y Latinoamérica del Ministerio británico de Exteriores, Chris Bryant, aseguró no tener “duda alguna respecto a nuestra soberanía sobre la soberanía de las Falkland y el derecho del Gobierno de las islas a desarrollar una industria de hidrocarburos dentro de sus aguas”.

    “Las aguas territoriales de las Falkland están controladas por las autoridades de las islas. Seguimos de cerca la situación, pero no vamos a reaccionar a cualquier cosa que suceda en Argentina”, agregó el político laborista, que, además de hablar español, es un buen conocedor de la región.

“No tenemos que perder de vista el hecho de que Argentina y el Reino Unido son socios importantes. Tenemos una relación estrecha y productiva en distintos temas como el G20, el cambio climático, el desarrollo sostenible y la lucha contra la proliferación nuclear”, dijo Bryant en tono conciliatorio.

   Y agregó: “Nos gustaría añadir a esa lista los temas del Atlántico Sur y trabajaremos para desarrollar aún más esa relación. Si lográsemos que funcionara, sería bueno para todas las partes interesadas”.

Los analistas

La analogía de este tramo del pleito por las islas Malvinas con recorridos anteriores de la misma historia resulta inevitable. El más cercano, el más trágico, remonta a la guerra que en 1982 se desató entre la Argentina y Gran Bretaña por la inopinada determinación de la dictadura militar de reconquistar el archipiélago con armas.

Aquella analogía cabría para el modo en que se ha ido incubando este capítulo de la pelea bilateral, ahora por la decisión de Gran Bretaña de iniciar la exploración de petróleo y gas en el mar que circunda a las islas. El desenlace nunca podría ser igual: no está en la voluntad ni en las posibilidades políticas de Néstor y Cristina Kirchner ni del premier inglés Gordon Brown.

Tampoco el contexto internacional --otro mundo respecto del que observó e intervino en la guerra de 1982-- permitiría llegar a esa estación de locura.

Sucede, sin embargo, como sucedió en las vísperas de 1982, que tanto en la Argentina como en Gran Bretaña, existen ahora gobiernos que atraviesan enormes dificultades políticas. Y que se expondrán en un tiempo corto al juicio de las urnas.

Las elecciones generales británicas serán a mitad de este año. Los Kirchner jugarán su proyecto en el 2011 pero antes deberían pasar en el peronismo el examen de las internas abiertas.

La dictadura que, entonces, comandaba el general Lepoldo Galtieri utilizó la escalada por las Malvinas para dar un golpe de timón e intentar salvar a un régimen que, política y económicamente, naufragaba.

La guerra, que no esperaban, provocó su derrumbe final.

Margaret Thatcher no era en 1981-82 la consagrada líder conservadora que resultó luego. El primer año de la década del 80 había sido para ella un calvario político, derivado del famoso presupuesto de ajuste que había conseguido aprobar en el parlamento. La astucia de Thatcher radicó en exprimir hasta la última gota la desatinada decisión de la dictadura argentina. Cuando ordenó la partida hacia el Atlántico Sur de la armada británica sabía que no haría marcha atrás. Cuando se insinuó la posibilidad de una salida diplomática, en medio de la conflagración (la propuesta peruana), ordenó el hundimiento del Crucero General Belgrano y dejó casi sin margen de negociación a los jefes militares argentinos.

Vale refrescar el epílogo político en Gran Bretaña. Thatcher ganó su reelección en junio de 1983 con el 43% de los votos y amplia mayoría parlamentaria. Se convirtió en un ícono todavía no superado del conservadurismo británico.

Brown está lejos de ser Thatcher. Entre muchas razones, porque proviene del laborismo. Los laboristas pasan apremios por la crisis económica que azota, ahora, a Europa. Pero también por los reiterados escándalos de corrupción parlamentaria y cuestionamientos al propio Brown. Habrá sido por reflejo de lo que alguna vez hizo Thatcher o por sus convicciones sobre las Malvinas, lo cierto es que ya desde hace un año --con una provocativa misiva a los kelpers-- el premier británico está ocupándose sobre el conflicto de las islas.

En los próximos días llegará al mar Argentino la plataforma Ocean Guardian, de la compañía británica Desire Petroleum, que comenzará a explorar hidrocarburos al norte de las Malvinas. Esa llegada vendría acompañada con llamativos mensajes del gobierno británico. El Financial Times señaló días pasados --atribuyendo la versión al poder político-- que Brown estaría "en alerta" ante eventuales acciones del gobierno argentino.

Detrás de las palabras de Brown podría adivinarse, tal vez, el deseo de que el conflicto vuelve a cobrar una elevada intensidad.

Como un recurso factible de ser mechado en una campaña electoral que los laboristas no sabrían bien, todavía, como encarar. El ejemplo de Thatcher, en una versión degradada, pareciera cundir.

Así como Thatcher se cruzó con la alocada impronta de la dictadura, Brown pareciera tener delante a una pareja presidencial, los Kirchner, que también intentan perdurar en el poder pero que, como el premier inglés --o más, quizás-- han perdido el favor de la sociedad, que supieron tener luego de la crisis del 2001. El Gobierno se encargó ayer de darle el formato de pompa al anuncio de limitar el tránsito marítimo a las islas. Puso en escena primero a Aníbal Fernández, el jefe de Gabinete y luego a la propia Presidenta.

Ese anuncio no podría ponerse en discusión porque intenta preservar el eterno reclamo de soberanía de la Argentina sobre las Malvinas. Lo que sí podría discutirse es la forma general que los Kirchner conciben las relaciones internacionales. La entienden casi como compartimentos estancos.

Veamos. Alentaron por años el vínculo con España creyendo que así podrían abrirse otras puertas principales con Europa. Como eso no ocurrió --por responsabilidad de la Argentina-- aquella relación estaría ahora al garete. Los Kirchner y su diplomacia reivindicaron en organismos internacionales la soberanía de Malvinas. Pero se desatendió al colmo el trabajo bilateral. Tanto que desde hace años la sede diplomática en Londres carece de embajador.

Está manejada por el encargado de negocios.

Quizás los Kirchner supongan que esta trepada del pleito de Malvinas le pueda ayudar a galvanizar la simpatía de alguna franja de la sociedad que está desencantada con su Gobierno. Y que asiste a diario a su debilitamiento político.

Castiga el rebrote de la inflación. La corrupción, como un tema de la agenda cotidiana. Las dificultades de gestión a partir de una oposición fragmentada, que se une sólo para enfrentar al matrimonio. La diáspora que se sigue registrando silenciosamente en el PJ.

Si los Kirchner intentaran ocultar esa realidad con este pleito de Malvinas, estarían incurriendo en un gesto tan desesperado como vano.

(Publicado por El Clarín – Argentina, 18 febrero 2010)
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