Brasil2014

Tras la euforia, la resaca: qué deja el Mundial cuando termina el fútbol

Cuatro años después, Sudáfrica se cuestiona el verdadero legado de la Copa; en medio de la crisis económica, se preguntan si la cita no fue una fiesta muy cara

martes, 10 de junho de 2014

Cuentan que el presidente de la FIFA, Sepp Blatter , visitó Ciudad del Cabo con motivo de los preparativos del Mundial de Sudáfrica 2010 y que desde un helicóptero señaló con el dedo el lugar donde se emplazaría el nuevo estadio de las semifinales, a diez minutos del paseo marítimo, entre el Atlántico y la emblemática Table Mountain.

Cierta o no, la anécdota refleja el sentimiento de muchos; la sensación de estar pagándole la fiesta a un invitado de gustos demasiado exquisitos. Y en la casa del pobre las fiestas no se celebran con champagne.

La FIFA ingresó cerca de 4200 millones de dólares gracias a acuerdos de patrocinio y derechos de retransmisión del Mundial 2010, mientras que Sudáfrica apenas ingresó 100 millones de dólares con la venta de entradas. El anfitrión de la Copa gastó 3000 millones, de los cuales casi la mitad se dedicaron a la construcción de diez nuevos estadios.

La promesa de que el PBI crecería un 3% aquel año se quedó finalmente en menos de medio punto, y cuatro años después Sudáfrica sigue pagando la factura de aquellas gigantescas instalaciones deportivas, a menudo infrautilizadas y casi siempre vacías.

Los diez elefantes blancos del Mundial cuestan al menos 7 millones de dólares al año a las arcas públicas. Sólo el estadio de Soccer City, de Soweto, Johannesburgo, es económicamente viable, gracias a la celebración de macroconciertos y a los Kaizer Chiefs, uno de los pocos equipos de la liga sudafricana capaz de llenar 85.000 localidades.

"Sabíamos que las instalaciones en las ciudades pequeñas serían muy difíciles de rentabilizar, pero lo cierto es que para un Mundial necesitas construir estadios. Es un gasto ineludible", se excusa Gillian Saunders, asesora de la consultora Grant Thornton, que trabajó junto al Gobierno sudafricano en la preparación de la Copa.

Saunders defiende el legado del Mundial, las infraestructuras en transporte y telecomunicaciones, y los beneficios intangibles de un acontecimiento internacional que es en realidad una gigantesca campaña de marketing.

"La Copa del Mundo trajo 300.000 visitantes más, y la cifra ha crecido exponencialmente en los últimos cuatro años. Según un estudio de la agencia de Turismo de Sudáfrica -añade-, la predisposición para viajar al país creció un 35% gracias al evento". El Mundial trajo el primer tren de alta velocidad, nuevas autopistas y también el primer sistema de transporte público para el antiguo gueto negro de Johannesburgo. El Soccer City llevó casi por primera vez a la minoría blanca hasta los barrios populares de Sudáfrica, 16 años después del fin del apartheid.

"Creo que en Sudáfrica hicimos un esfuerzo por desarrollar nuestras ciudades, por encontrar espacios públicos de encuentro en una sociedad que había estado dividida durante cuatro décadas de apartheid", explica la diseñadora sudafricana Zahira Asmal, editora del libro Reflexiones y oportunidades de la Copa del Mundo.

"Lo que aprendimos es que hace falta un plan; que la Copa puede ser una oportunidad que podemos usar para solucionar nuestros problemas, hacer mejores ciudades y mejorar las condiciones de vida."

Asmal regresó de Brasil hace unos meses, donde ha tratado de compartir con los anfitriones del Mundial las experiencias, los aciertos y los errores, de la cita sudafricana. En respuesta, afirma, encontró el desánimo.

"En Sudáfrica vivimos el torneo como un evento de unidad nacional, con el deseo de mostrar al mundo en lo qué nos habíamos convertido. En Brasil he tenido una sensación muy negativa. Las cosas no han cambiado mucho en Sudáfrica, pero la Copa del Mundo nos hizo ver que es posible: si pudimos tener seguridad, transporte y servicios durante la competición, entonces podemos tenerlos todo el año."

Sudáfrica y Brasil coinciden en estar entre las sociedades más desiguales del mundo, pero al margen de algunas protestas puntuales, el país africano no experimentó la oleada de disturbios que se han venido registrando en Río o San Pablo.

Tony Ehrenreich, secretario en Ciudad del Cabo del Congreso Sudafricano de Sindicatos, es una de las voces más críticas con el legado del Mundial y apoya sin fisuras las protestas en Brasil. Su organización ha reclamado que el Green Point, aquel que eligió supuestamente a dedo Blatter, sea reconvertido en cientos de viviendas sociales.

"Se habla del Mundial como una campaña de marketing, pero una campaña de 3000 millones de dólares es a todas vistas disparatada e inaceptable. La única que gana dinero es la FIFA, y si los gobiernos pueden destinar tanto presupuesto para estadios, también pueden hacerlo para resolver los problemas de sus ciudadanos", reclama Ehrenreich.

Pasada la euforia del Mundial, el 13,6% de las familias continúan viviendo en construcciones improvisadas, uno de cada cuatro trabajadores no tiene empleo y el paro entre la juventud supera el 36%.

En su estudio "Soccernomics", sobre las verdaderas cuentas del Mundial, los profesores Simon Kuper y Stefan Szymanski concluyen que no hay beneficios reales para los anfitriones de la competición deportiva de fútbol. Es sólo una fiesta muy cara, y cuando uno se da un capricho, debe estar dispuesto a pagar la factura.

Elegido a dedo

El Green Point se construyó en el lugar que Blatter señaló desde un helicóptero; su mantenimiento desde 2010 costó US$ 19 millones

El gran "elefante blanco" de Ciudad del Cabo

El estadio de Green Point de Ciudad del Cabo costó 470 millones de dólares. La urgencia lo situó en una zona verde, donde no está permitido el uso comercial. Desde 2010, su mantenimiento ya le costó 19 millones al municipio. Si los planes del ayuntamiento se cumplen, las instalaciones serán viables en un plazo de cinco años. Para entonces, habrá supuesto a los contribuyentes un gasto de 42 millones de dólares. Ahora se busca cambiar las normas para que el recinto pueda albergar restaurantes y tiendas y sumar ingresos por conciertos y eventos.

(Publicado por La Nación - Argentina, 9 junio 2014)
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