Opinión - México

Brasil: el autogol de la corrupción

De éstos, 3,600 millones de dólares salieron del erario público. La inversión total sólo generará 380,000 empleos, temporales en su mayoría.

jueves, 5 de junho de 2014

Recordarán ustedes que a menudo el presidente Felipe Calderón aprovechaba alguno de sus discursos para expresar su malestar porque, no obstante que Brasil tenía una tasa de homicidios mayor que la de México por cada 100,000 habitantes, a este país le habían concedido la organización del mundial de futbol del 2014 y los Juegos Olímpicos del 2016. No imaginaba Calderón, y creo que nadie en ese momento, el descontento y la decepción que la organización de la Copa del Mundo provocaría entre la mayoría de la población brasileira.

En el 2007 cuando Brasil, gobernado por el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, solicitó y logró la sede del XX mundial de futbol, el país tenía un crecimiento de 7.5% anual; la proyección de crecimiento para el 2014 es de 1.5 por ciento.

En el 2008, 79% de los habitantes del país más grande de Iberoamérica manifestaba su satisfacción por ser anfitriones del evento futbolístico que han ganado cinco veces —cantidad que ningún otro país ha logrado. En febrero de este año, según una encuesta, sólo 48% de los brasileños estaba de acuerdo con ser sede del mundial de fútbol, actividad que en esta nación, más que un deporte, es una religión. "Hay algunos pueblos y caseríos en Brasil, que no tienen iglesia, pero no existe ninguno sin cancha de futbol", escribió Eduardo Galeano.

Despilfarro y corrupción

Según el Wall Street Journal, en su edición del 28 de mayo: "El mundial más caro de la historia llega en medio del desencanto de los brasileños". El periódico apoya su afirmación con el dato de que se invirtieron 11,500 millones de dólares. De éstos, 3,600 millones de dólares salieron del erario público. La inversión total sólo generará 380,000 empleos, temporales en su mayoría.

Al decir de la misma publicación neoyorquina, se generarán 11,100 millones de dólares por publicidad, aerolíneas, hoteles y otros servicios, de los cuales sólo 2,200 millones repercutirán en la economía brasileña.

Mal negocio, opinan los críticos de la presidenta Dilma Rousseff, quienes no están de acuerdo con el despilfarro en un país donde hay hambre. Un ejemplo: el estadio construido en Brasilia —donde ni siquiera existe un equipo profesional importante— tuvo un costo de 900 millones de dólares —tres veces lo presupuestado. (Al parecer fueron asesorados por los constructores de la famosa Estela de Luz mexicana).

El principal tribunal electoral de Brasil reporta un aumento exponencial de las contribuciones para las campañas de los partidos políticos por parte de las empresas que han sido favorecidas con los contratos de los proyectos de la Copa del Mundo. Los vínculos entre las compañías constructoras y los políticos han aumentado las sospechas de los ciudadanos brasileños de que la fiesta del fútbol está manchada por la corrupción.

La cereza en el pastel —de lodo— la puso Joana Havelange, directora del Comité Organizador Local de Brasil 2014 y nieta de Joao Havelange —al parecer en el fútbol también hay dinastías—, quien en su cuenta de Instagram escribió: "lo que tenía que ser gastado y robado ya lo fue (...) Si había que protestar, se hubiera hecho antes". Al parecer la señora Havelange cursó una maestría en Moral y Cinismo en el afamado instituto mexicano Gonzalo N. Santos. Su polémico mensaje fue retirado enseguida pero causó la indignación y el desencanto en un pueblo, que si bien ama el fútbol se le hace imposible alimentarse con balones.

Decálogo mundialistas

Con el fin de que haya una buena convivencia entre marido y mujer durante la XX Copa del Mundo es conveniente que las señoras tomen en cuenta estas reglas:

Del 12 de junio al 13 de julio, el aparato de televisión pertenece al señor de la casa... Inútil esconder el control.

Si la señora esposa tuviera la necesidad impostergable de pasar frente al televisor deberá hacerlo pecho a tierra y en silencio, procurando no distraer a quien ve la tele.

Durante los partidos y transmisiones adyacentes, el señor de la casa quedará exonerado de abrir la puerta, contestar el teléfono, saludar a la suegra, hacer compras, salvar niños que caen de un segundo piso y apagar incendios.

Las repeticiones de los goles son de vital importancia, el hombre de la casa tiene derecho a verlas cuantas veces quiera.

La mujer puede sentarse a ver un partido con su marido, pero sólo podrá hablarle durante los comerciales del medio tiempo.

De ser así, es conveniente que la señora se abstenga de hacer comentarios técnicos.

En caso de que la selección favorita del señor vaya perdiendo, se considera de mal gusto, hasta puede causar un enojo mayor, que la esposa comente "no es para tanto".

Los resúmenes de los partidos son tan importantes como éstos. Se suplica a la señora abstenerse de comentar "eso ya lo viste", "¿no te aburres?"

Queda prohibido que durante el mes mundialista la familia o las amistades organicen fiestas, bodas, bautizos o velorios.

Si los puntos anteriores se cumplieran, la señora podrá ver la tele libremente, con volumen bajo, a partir de la 1 de la madrugada, siempre y cuando no haya repeticiones.

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*** El artículo corresponde al comentarista Miguel Ajenjo en la columna "El privilegio de Opinar" del periódico El Economista.

(Publicado por El Economista - México, 4 junio 2014)
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